Economía circular: avances globales y el acelerado crecimiento del modelo en Chile
La economía circular ha dejado de ser una tendencia emergente para convertirse en un eje estratégico del desarrollo sostenible a nivel mundial. Países de Europa, América Latina, Asia y Oceanía están impulsando políticas que buscan disminuir la extracción de recursos, reducir los residuos y promover modelos productivos regenerativos que permitan enfrentar los desafíos ambientales y climáticos actuales. La transición hacia sistemas circulares se ha transformado en una prioridad que articula innovación, tecnología, colaboración público privada y cambios culturales profundos.
En el contexto internacional destacan iniciativas como el Pacto Verde Europeo, los programas de circularidad urbana en ciudades como Ámsterdam y Helsinki, las estrategias de recuperación de materiales en Japón y Corea del Sur y el crecimiento de empresas que rediseñan productos y cadenas logísticas para extender la vida útil de los bienes. La circularidad también se expande a sectores como la moda, la construcción, la energía y la agricultura, donde la economía regenerativa aparece como base de nuevos modelos de negocio que responden a consumidores más conscientes y a regulaciones ambientales más exigentes.
Chile no queda atrás en este proceso. Durante los últimos años el país ha avanzado en normativas, infraestructura y capacidades técnicas que permiten acelerar la transición hacia la circularidad. La Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, los programas de reciclaje inclusivo, los fondos de innovación para soluciones de eco diseño y la creciente articulación entre empresas, municipios y startups han impulsado cambios en el ecosistema nacional. La economía circular se ha transformado en un motor de oportunidades para emprendedores que desarrollan tecnologías de reutilización, materiales sostenibles y nuevos modelos de producción basados en la trazabilidad y la eficiencia energética.
En paralelo, la ciudadanía muestra un aumento sostenido en sus prácticas responsables, desde la separación de residuos hasta la preferencia por marcas con certificaciones ambientales y procesos transparentes. Este cambio cultural permite acelerar transformaciones estructurales y abre un espacio para que Chile pueda posicionarse como un referente regional en innovación circular.
El desafío continúa siendo escalar las iniciativas exitosas, fortalecer la infraestructura de reciclaje, mejorar la coordinación público privada y promover la formación en sostenibilidad desde etapas tempranas. Sin embargo, las señales son claras: la economía circular ya no es una alternativa sino una estrategia esencial para construir un futuro más resiliente, competitivo y consciente, tanto en Chile como en el mundo.
